Fundación financia cirugía de migrante venezolana que no encontraba atención médica
23 junio, 2026
Dexire del Valle Arenas, una vendedora ambulante de dulces, se rompió la pierna derecha en un accidente doméstico.
Durante 14 días, Dexire del Valle Arenas vivió entre el dolor, la incertidumbre y la desesperación. La joven venezolana, de 25 años, madre de dos niñas, sufrió una fractura de tibia y peroné en la pierna derecha el pasado 29 de mayo, tras apalancarse en el catre de su cama. Lo que parecía un accidente doméstico terminó convirtiéndose en una dura prueba para ella y su familia.
Junto a su esposo, José Humberto Piñeiro, recorrió varios hospitales públicos de Santa Cruz de la Sierra en busca de ayuda. Sin embargo, en todos recibió la misma respuesta: no podían atenderla porque no estaba inscrita en el Sistema Universal de Salud (SUS). “Fueron días muy difíciles. Ya no sabíamos qué hacer”, recuerda José Humberto, también venezolano y de la misma edad que su esposa.
La pareja, que se gana la vida vendiendo dulces en calles, rotondas y buses del transporte público, carecía de recursos para acceder a una atención privada. Ante la falta de alternativas, acudieron a la Casa de Acogida Cardenal Julio Terrazas, donde anteriormente habían recibido apoyo con víveres.
Gracias a esa ayuda lograron llegar a la Clínica Niño Jesús I. Allí, tras realizarle estudios radiográficos, los médicos determinaron que Dexire necesitaba una cirugía para implantar una placa con tornillos y lograr la correcta unión de los huesos fracturados. La noticia representó un nuevo golpe para la familia. El costo de la intervención estaba completamente fuera de su alcance económico.
Fue entonces cuando Cáritas les sugirió acudir a la Fundación Nacional Vida Segura. La institución cubrió la totalidad de los gastos médicos, incluyendo la compra del material quirúrgico, la operación y posteriormente los medicamentos necesarios para su recuperación. La cirugía fue realizada con éxito y hoy la familia vuelve a mirar el futuro con esperanza.
“Me estaba volviendo loco. No sabíamos ya qué hacer. Sinceramente, estamos muy agradecidos con el señor Julio César Caballero; él es una gran persona. Con la Fundación nos devolvió la tranquilidad y la esperanza de que todo mejorará”, expresó José Humberto.
La historia de la pareja está marcada por el esfuerzo y la migración. Ambos llegaron desde Venezuela hace casi cinco años. Dexire nació en Cumaná y José Humberto en Maracaibo. Ella llegó primero a Bolivia y en Santa Cruz nació Jazmely, su segunda hija, que hoy tiene tres años. La mayor, Patricia, tiene siete años.
Actualmente la familia vive en una habitación alquilada en la zona de El Bateón. Durante las semanas en que Dexire permaneció inmovilizada, las dificultades se multiplicaron. “Ella es quien cocina y organiza la casa. Como no podía hacer nada, me tocaba ayudarla en todo, incluso llevarla al baño. También tuve que avisar a la profesora de mi hija mayor que no podría asistir al colegio por la situación que estábamos atravesando”, relata.
Aunque la operación fue exitosa, la recuperación aún demanda tiempo y cuidados. José Humberto sólo puede salir a trabajar unas dos horas al día para no dejar sola a su esposa. “Es muy duro, pero aquí estamos. El trayecto a la clínica es largo; felizmente un amigo nos ayuda llevándonos en su taxi”, comenta.
Pese a las dificultades, la familia prefiere quedarse con la gratitud. “Dios es grande. A través de él han llegado a nuestras vidas esas personas que nos ayudaron, la Casa de Acogida y la Fundación Nacional Vida Segura”, concluye José Humberto, mientras acompaña a su esposa en el proceso de recuperación que les ha devuelto la tranquilidad y la esperanza de seguir adelante.