Más que sillas de ruedas: Janeth y Briyith reciben el impulso para tener una vida más digna
10 junio, 2026
La mujer, de 56 años, tiene dificultad para caminar por una fibrosis muscular que padece. La niña, de 10, nació con una afección en los tendones que le impide hacerlo. El Rotary Club Santa Cruz les donó los dispositivos de asistencia médica.
Hace dos años, Janeth Tórrez dejó de trabajar limpiando casas por culpa de la fibrosis pulmonar. Comenzó a tener dificultad para respirar y se cansaba al menor esfuerzo, incluso para hablar. Además, los kilos fueron disminuyendo en su anatomía: de pesar 97, hoy está con 35.
Vivía en Cotoca hasta cuando sus fuerzas no dieron más y fue diagnosticada con la enfermedad. Su hermano le había dado una casita para que no alquile en Santa Cruz de la Sierra, pero tuvo que volver a la ciudad porque necesitaba cuidados. Ahora reside con una de sus hijas. Tiene cuatro.
Doña Janeth, de 56 años, empezó su tratamiento con el Seguro Universal de Salud (SUS), pero luego lo cambió por el de una neumóloga del hospital Hernández Vera. Ella sabe que su mal no tiene cura y es degenerativo. “Sólo Dios sabe si voy a morir de esto o de otra cosa. Yo confío en él”, expresa fatigada.
Sus medicamentos son caros y a ello hay que sumar el costo de las consultas médicas, incluidas la del psiquiatra. Sus dolores torácicos, musculares y articulares, además de la impotencia de poder valerse por sí misma, la llevan a tener episodios de ansiedad.
En ese estado, caminando lo necesario, supo de la ayuda que la Fundación Nacional Vida Segura presta a través de las instituciones con las que tiene acuerdos. Mediante carta solicitó la donación de una silla de ruedas para poner movilizarse más. El Rotary Club Santa Cruz se la entregó hace poco.
“Estoy muy agradecida. Siento que disminuyó un poco la carga para mi familia. La silla de ruedas me permite moverme por la casa sin cansarme mucho”, indica la señora que, sentada en ese dispositivo de asistencia médica, teje piezas a crochet para vender y ayudar con los gastos.
Delgadita por la masa muscular que ha ido perdiendo, sus ganas de recuperar la salud y de vivir permanecen en ella. Habla con dificultad, pero con esperanza. La misma esperanza que recibió la niña Briyith Soliz, de 10 años, al recibir también una silla de ruedas de manos del rotario Fernando Soriano. Gracias a ella, ahora puede ir al colegio sin estar encogida en un carrito de bebé que alguien le regaló.
Desde este año, la niña asiste a una unidad educativa; quería acompañar a su hermana gemela que sí puede caminar. Nació con una afección en los tendones que le impide hacerlo y jugar como los demás niños. Ni siquiera puede sostenerse en pie. La necesidad constante de cuidados, incluidos los relacionados con su higiene personal, la mantuvo durante años alejada de las aulas.
La situación llegó a oídos de un vecino, quien sugirió a su madre solicitar ayuda a la Fundación Nacional Vida Segura. La respuesta fue mucho más allá de la entrega de una silla de ruedas. Briyith accederá también a atención médica y apoyo psicológico como parte de un acompañamiento integral destinado a mejorar su calidad de vida y brindarle mayores oportunidades para construir un futuro mejor.
Con iniciativas como esta, la Fundación reafirma su compromiso con las personas en situación de vulnerabilidad. Su director ejecutivo, Julio César Caballero, destaca que el trabajo conjunto con instituciones aliadas permite multiplicar el impacto de la solidaridad y generar oportunidades de inclusión para quienes más lo necesitan. “Nos ayudamos para ayudar”, señala. “Cada gesto solidario puede marcar una diferencia significativa en la vida de una persona”.