Un regalo para el corazón: Justina, Zenón y Ponciano con nueva oportunidad de vida

29 agosto, 2025

Pacientes de Comarapa y Saipina recibieron marcapasos donados por la Pastoral Social Cáritas. Las intervenciones se realizaron en la Clínica de las Américas y fueron cubiertas íntegramente por la Fundación Nacional Vida Segura.

Las lágrimas de Justina Claros Rocha son de felicidad. A sus 70 años, asegura volver a sentir esperanza en su corazón. Ella, junto a Zenón Saldaña Covarrubias y Ponciano Fuentes Muñoz, fue derivada del Hospital San Martín de Porres, en Comarapa, hasta la Clínica de las Américas, en Santa Cruz de la Sierra, para recibir un marcapasos donado a través de la Pastoral Social Cáritas (Pasoc), en coordinación con la Fundación Nacional Vida Segura.

En agosto del año pasado, doña Justina empezó a desmayarse y recibió un diagnóstico de insuficiencia cardíaca. “No tenía plata para un marcapasos, así que sólo he tomado tabletas desde entonces”, cuenta. Sin embargo, los mareos y dolores de cabeza la acompañaban constantemente. Antes de enfermar, se dedicaba a la venta de verduras; hoy sobrevive gracias al bono de la tercera edad y a la venta de refrescos en Comarapa, aunque se cansa rápido y ya no puede cargar los baldes.

Madre de nueve hijos a los que crió sola, ahora vive con uno de ellos en Comarapa y cuida a sus dos nietos, Erik y Esteicy, de nueve y siete años, que le dejó su hija menor al irse a trabajar a Chile. “Por mí ya no viviría, pero por ellos quiero hacerlo unos años más. Son pequeños, no puedo dejarlos. Ahora, con el marcapasos que me han puesto, sé que estaré mejor”, expresa con emoción.

La historia de Zenón Saldaña, de 68 años, refleja un sentimiento parecido.

Agricultor, nacido en Pasorapa (Cochabamba) y residente en Saipina, vivió por 15 años con las secuelas del mal de Chagas que dañaron su corazón. “Me decían que tenía que hacerme colocar un marcapasos, pero yo no quería, me mezquinaba porque no tenía platita”, recuerda. Su decisión cambió cuando una religiosa del hospital le habló de la campaña: “Todo va a salir bien, don Zenón; usted no se va a desgastar”.

Aunque bromea con que aceptó la operación con la condición de que después sus hijos lo ayuden a tratarse la próstata —otro problema de salud que lo aqueja—, su gratitud es evidente. Apenas un día después de la cirugía, se sorprendió de poder subir las gradas de la clínica sin cansarse. “Antes me parecía estar escalando una montaña. Ya estoy bien, ya no resuello por todo”, asegura con alivio.

El tercer beneficiado, Ponciano Fuentes, de 53 años, también padece de Chagas. Su corazón se resintió en febrero, cuando se desmayó cargando papas en su carretilla para las salchipaperas. “Mi cabeza ha girado y ahí he caído”, cuenta. Desde entonces no pudo volver a trabajar, pues el médico le prohibió usar el azadón.

Padre de cinco hijos y abuelo de ocho nietos, vive en la comunidad Bañado de la Cruz, adonde llegó después del terremoto de Totora, su pueblo natal. “En el hospital me dijeron que espere las campañas de instalación de marcapasos; que con eso seguro iba a estar bien”, relata. La noticia de que estaba en la lista de beneficiados le devolvió la esperanza. “Estoy feliz, no me duele nada. Que Dios bendiga a la hermanita que me ayudó; ahora tengo más tiempo para vivir”.

La persona a la que los pacientes consideran como su benefactora es la hermana María Gracia Díaz, responsable de la administración del Hospital San Martín de Porres, un centro médico perteneciente a la Congregación de las Hermanas Dominicas de Santa Catalina de Siena. Fue ella quien, tras conocer por el padre Christian Muessing, director ejecutivo de Pasoc, la existencia de marcapasos donados para personas de escasos recursos, asumió la tarea de identificar a los pacientes que más los necesitaban con urgencia.

Las cirugías fueron encabezadas por el cardiólogo electrofisiólogo Hugo Buhezo, en la Clínica de las Américas. “Previamente evaluamos a los tres pacientes para confirmar la necesidad del marcapasos. Esperamos que esta terapia les permita llevar una vida plena”, señaló el especialista. Agregó que, para los beneficiarios, tanto los dispositivos como la cirugía no representaron ningún costo: “La clínica realizó un importante descuento y el resto de los gastos fue cubierto por la Fundación Nacional Vida Segura”.